Luego de un largo receso de alrededor de 3 meses por temas familiares y laborales decidí darme un tiempecito y arrancarme a una de mis playas favoritas, había ido un par de veces a Reñaca en escapadas cortas sin ningún pique, esta vez tenía tiempo para ir más lejos y con mejores mareas. Según la tabla, la hora de mayor actividad estaría entre las 8 y 9 de la mañana, con la alta a las 12:15 horas tendríamos una mañana completa con la marea subiendo y con excelentes condiciones para que entraran las corvinas.

Fuimos con Gabo, viejo lobo de mar que ya se conoce la playa como la palma de su mano y con Claudio, joven pescador de lenguados con pejerrey y debutante como pescador de corvinas, con su esperanza y ánimo intactos a pesar de sus varias salidas infructuosas. Llegamos a la playa a las 7:30 y en la primera ojeada me llamó la atención el agua tan clara y lo planchado que estaba el mar, pocas veces se ve eso en esa playa, en la que se acostumbra ver por lo menos 5 líneas de olas, con harta espuma y arena en suspensión, ahora había con suerte 2 y en los pozones apenas se hacía un poco de espuma en la orilla.

Una taza de leche

Armé la caña, me acerqué un par de pasos y realicé el primer lanzamiento, de reojo veo que algo se mueve a mi izquierda, la primera cola, luego a mi derecha, otra más, y otra, y otra… La claridad del agua dejaba ver casi todo lo que andaba en la orilla fácilmente, les pasé el señuelo por el hocico muchas veces pero sin lograr ninguna reacción de parte de las corvinas, así que me fui a buscar aguas un poco más revueltas. Avancé unos metros hacia el norte de la playa y el Gabo ya había logrado pinchar la primera, de un par de kilos en su pozón regalón. Le hice una seña de felicitación a lo lejos y seguí hacia el norte buscando un choque de corrientes con un poquito de arena revuelta que se veía interesante, estuve como 15 minutos tirando en todos los puntos calientes de ese sector y nada. Seguí avanzando hacia el norte y me encontré con un canalón de orilla que todavía tenía poca agua, pero que me dejó ver un par de corvinas chicas que andaban ahí. Minutos después se asomó un poco el sol entre las nubes y a mi derecha apareció un gran manchón gris, me puse los polarizados y logré ver a los tres monstruos que reposaban, dos grandes de 10-12 kilos y una un poco más pequeña, como de 8. Para hacer corta la historia les cuento que les descargué todo el arsenal, de todas las profundidades, de todos los colores, a todos los ritmos de recogida y no logré ninguna reacción de parte de los monstruos que estaban como en estado catatónico, en animación suspendida, no coleaban y no se movían más que para acomodarse un poco cuando les faltaba agua.

Luego de más de media hora me aburrí y me dio sed, el agua estaba en la mochila del Gabo -que se había quedado pegado en el pozón- y comencé a devolverme, Claudio estaba vuelto loco lanzando y alucinando con la cantidad y calibre de las corvinas que se paseaban por la orilla, pero todavía sin ningún pique. En eso veo que el Gabo está peleando con la segunda, me acerco rápidamente para ayudarlo con el boga, una larga arrancada hacia el sur paralela a la orilla, con la ayuda de la ola logra vararla y en una carrera la agarro del labio y la aseguro, una linda corvina de respetables 3,5 a 4 kgs.

Tomé agua, me comí un par de galletas, el pucho de rigor y tomé rumbo norte. No alcancé a avanzar 10 metros cuando veo al Gabo con la caña arqueada casi en 180°, el pez arranca furiosamente hacia el sur sacando varios metros de línea, la corvina no para y Gabo la empieza a seguir, logra recuperar unos pocos metros y viene la segunda arrancada, como es usual, bastante más corta que la primera pero ahora con fuertes cabeceos. Con la ayuda de las olas va recuperando línea poco a poco, metro a metro hasta que se asoma entre la espuma, logra vararla y lo ayudo con el boga, cuidadosamente la arrastro hacia la zona segura y los gritos de celebración no se hacen esperar. ¡Es hermosa! al ojo, más de 10 kilos. Al final fueron 10.4kg.

10.4 kilos nomás

Ya eran las 12, había más agua, más ola y más revoltura. Nuevamente caminé hacia el norte de la playa con destino al canalón donde estaban los tres monstruos, paso por el lado de Claudio que seguía insistiendo, llego a mi destino y ya no se veían corvinas por la revoltura y la espuma, buena señal. Comienzo a lanzar con mi favorita, SFT Seadream 115S color 016, y como al cuarto tiro engancho una linda y gorda corvinita de como 4 kilos que fue rápidamente aterrizada.

Luego de eso diviso a lo lejos que Claudio batallaba y varaba su primera corvina, yo estaba como a 100 metros pero desde ahí se le veía la sonrisa, levanté los brazos en celebración y después de eso no pudo esconder los dientes durante todo el resto de la mañana (y yo creo que del día).

Claudio con su primera corvina, conteniendo la sonrisa

Al final Gabo nos tapó de escamas con sus 4 corvinas, que en total sumaron 21,3 kilos. Claudio logró descartucharse, pero al parecer creamos un monstruo. Partió al tiro a comprarse señuelos, volvió a los dos días y se matriculó con otra más grandecita y devolvió un par de chicas y un lenguado. Yo por mi parte, feliz de volver a las canchas.

Las corvinas del Gabo, con la clásica cajetilla de puchos para la escala

Gabo con su sarta de más de 20 kilos

Espero les haya gustado este reporte y nos vemos en la playa. Un abrazo!
Jaime B.


Equipo Utilizado
Caña: Alcedo Modularis 50 de 9′
Carrete: Kastking Sharky II 4000
Línea: Max8X PE #0.8 con chicote de 70 cms. de fluorocarbono de 30 lbs
Señuelo: SFT Seadream 115S color glow-016